No sé cómo empezar este blog, así que voy a empezarlo de la peor forma posible: hablando de futuro. Así podrá envejecer fatal el post y estar desactualizado en tres días. El mejor camino hacia el éxito es empezar desde abajo: empieza fracasando y solo podrás ir a mejor.
Así que, para hablar de futuro, hablemos de IA (Inteligencia Artificial; los Chat GPT, Gemini, Copilot y sus hermanas). Ves, cómo ya está mal: la IA es presente y, para algunas cosas, ya casi pasado. Pero vamos a intentar resolver esa gran duda que nunca tuvo nadie —salvo los psicólogos y psicólogas— sobre si la IA podrá sustituir alguna vez al terapeuta. Corta y al pie: yo creo que lo tiene difícil. Y no porque piense que las máquinas no puedan mejorar al ser humano, o que las psicólogas somos más listas, sino porque hay dos factores que hacen de la terapia algo único de cada terapeuta y difícilmente replicable por una máquina. La terapia se basa, además de en conocimientos (esto es lo que la IA tiene más que cualquier terapeuta), en improvisación (y sí, digo improvisación y no adaptación) y en algo que podríamos definir como calidez humana. Vamos punto por punto.
La Inteligencia Artificial como Psicóloga
Los conocimientos: esto es algo que, como ya he dicho, la IA puede lograr. El punto negativo para la IA —al igual que para los humanos— es que la psicología, como ciencia, es tan nueva y tiene tantas incógnitas que, ni sabiéndote los manuales de pe a pa, puedes estar seguro de que su aplicación contribuya realmente a la mejoría del paciente, en la ciencia hay pocas certezas y en la psicología como ciencia menos. Esto no quiere decir que la psicología sea magia ni una ciencia infusa; quiere decir que nos queda mucho por aprender aún, y pensar lo contrario es ir contra la evidencia. Además, para mí, este punto débil que comparten la psicología y la IA aplicada en psicología tiene parte de su origen en entender la psicología desde el modelo médico biologicista, que —lo siento— no ha sido lo más fructífero del mundo. Pero ese es otro tema.
Hablemos ahora de la improvisación. Este punto es fácil: a las máquinas les encantan los patrones, las reglas, la lógica… todo lo contrario a cómo funcionan las personas. Sí, somos animales de costumbres, pero en caso de que existan esas reglas y lógicas, muchas veces son tan contradictorias y responden a tantas variables que hasta a la más avezada de las IAs se le van de las manos. Son tan sutiles las reglas que nos mueven que, en caso de que existan, parece como si no existieran y fuéramos productos del más puro azar.
La psicología mas humana
Por último: ¿qué es eso de la calidez humana? Con esto me refiero a la presencialidad, y no hablo de estar en la misma habitación físicamente —lo cual no niego que tenga ventajas—, pero nosotras trabajamos con terapia online porque la vida, a veces, no es como queremos, y lo que sí tenemos claro es que queremos ejercer la psicología de la mejor forma posible. Para nosotras, ahora mismo esa forma es hacerlo de manera online. Hablo de presencialidad humana: de ver a una persona de carne y hueso detrás de la pantalla, con sus vivencias, con sus miedos y sus dudas; una persona como tú, que empatice contigo y te pueda entender porque, a fin de cuentas, ambos somos humanos. Y, quizás, con calidez quería resumir que, para ser psicóloga, hay que ser una persona sintiente. Una IA, quizás, pueda fingir falsa empatía, pero nunca podrá tener miedo; no se le permitirá dudar, y algo que no duda no puede aprender, en tal caso podrá ser instruida pero no podrá aprender. Por lo tanto, es imposible que pueda ser un buen terapeuta.
Todo esto lo dejaremos aquí escrito, con la fecha, para que podamos venir a llorar y lamentarnos cuando los buenos de Mark o Elon saquen dentro de tres días sus servicios de asistencia psicológica, les pongan un nombre bonito y te ofrezcan terapia ilimitada por 20 dólares al mes. Solo espero que, si ese día llega, estar realmente equivocado y que las IAs hayan superado los problemas aquí planteados y todos los que me dejo en el tintero. De hecho, espero que los hayan superado hasta tal punto que se hayan convertido en seres sintientes. Solo así podré creerme que sean buenos terapeutas.